Para sobrevivir a la muerte de su estrella, las generaciones futuras tendrán que convertir el cosmos en un gigantesco sistema de soporte vital.

Dentro de mil millones de años el Sol brillará más que hoy y la Tierra comenzará a perder rápidamente su clima habitable. Los océanos se evaporarán, la temperatura aumentará y la biosfera habitual estará en peligro mucho antes de que la estrella se convierta en gigante roja. Un nuevo estudio científico analiza un escenario inusual: en lugar de huir hacia otra estrella, los lejanos descendientes de la humanidad podrían intentar reconfigurar el Sistema Solar y preservar la vida en la Tierra.
El Sol actualmente convierte hidrógeno en helio en su núcleo. A medida que se acumula helio, la estrella se calienta y su luminosidad aumenta. La Tierra podría perder condiciones habitables aproximadamente dentro de 1,8 mil millones de años, aunque aún faltan varios miles de millones de años para que el Sol se expanda hasta convertirse en gigante roja.
Reubicarse en otra estrella no será necesariamente más fácil. Incluso los sistemas planetarios más cercanos están separados por varios años luz. El viaje requeriría una nave enorme capaz de mantener durante décadas o siglos a personas, plantas, animales y un ecosistema cerrado. Es posible que no exista un planeta adecuado en las cercanías.
Una de las formas de preservar la Tierra consiste en una pantalla gigante entre el planeta y el Sol. La estructura bloquearía parte de la luz y evitaría que la superficie se sobrecaliente. Una pantalla convencional tendría que ser colosal, por eso el autor propone unir la cubierta a un contrapeso masivo. Un sistema así podría mantenerse en el punto necesario y proteger la Tierra del exceso de energía solar.
Cuando el Sol comience a expandirse, una sola sombra no bastará. Será necesario desplazar la Tierra a una órbita más alejada. Para ello se podrían desviar repetidamente grandes asteroides u otros cuerpos espaciales cerca del planeta. Su gravedad transferiría gradualmente energía a la Tierra y la alejaría del Sol.
Tales maniobras tomarán millones o miles de millones de años. Un error en los cálculos convertiría un asteroide dirigido en un proyectil destructivo, por eso el autor también considera una opción más gradual. Se podría dirigir un flujo de partículas pequeñas junto a la Tierra para que su gravedad cambie paulatinamente su órbita sin acercamientos peligrosos con cuerpos enormes.
Tras la muerte del Sol, en cambio, habrá muy poca luz. Entonces la iluminación natural se podría reemplazar por iluminación artificial. Se propone obtener energía del hidrógeno y del helio en las atmósferas de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Estaciones orbitales la convertirían en luz y la dirigirían hacia la Tierra mediante un sistema de láseres y espejos.
Un sol artificial podría mantener el ciclo habitual de día y noche, así como las estaciones. La fuente de luz no tiene que ocupar el lugar de la estrella real. Se podría mover alrededor de la Tierra y cambiar el ángulo de iluminación, incluso si la rotación del planeta se ralentiza con el tiempo.
El envejecimiento de la Tierra planteará otro problema. El planeta pierde gradualmente calor interno que sostiene el movimiento de las placas tectónicas. Sin tectónica cambiará el ciclo de los materiales entre el interior, el océano y la atmósfera. El autor propone calentar artificialmente las capas profundas de la Tierra, aunque un proyecto así exigiría enormes cantidades de energía y tecnologías que aún no existen.
Durante miles de millones de años también habrá que proteger nuestro hogar común de asteroides, cometas, supernovas cercanas y estrellas errantes. Los cuerpos pequeños se podrán desviar con antelación de trayectorias peligrosas. Pantallas orbitales podrían proteger la Tierra de la radiación intensa. Ante la amenaza procedente de otra estrella, probablemente la civilización tendría que modificar el movimiento de todo el Sistema Solar.
El trabajo no ofrece un plan de construcción listo. Muchos cálculos suponen recursos casi ilimitados, el control de planetas y estructuras capaces de funcionar durante un tiempo superior a la edad actual del universo. Sin embargo, las leyes físicas conocidas no prohíben tales proyectos.
La idea principal es que no es necesario abandonar la Tierra después del envejecimiento del Sol. Una civilización con una industria lo suficientemente desarrollada podrá oscurecer la estrella, mover el planeta, sustituir la luz solar por iluminación artificial y transformar gradualmente el Sistema Solar en un enorme sistema de soporte vital. Pero para ello, por supuesto, hará falta un esfuerzo extraordinario...