Atención hackers: la física ahora impide robar mensajes privados

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Dos investigadores idean un método para proteger los datos durante las vacaciones

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El Premio Turing de 2026 lo recibieron Charles Bennett y Gilles Brassard, quienes idearon la criptografía cuántica, una tecnología que durante décadas se consideró demasiado poco convencional y casi inútil para la práctica. Hoy la situación cambia: en el contexto de la carrera por los computadores cuánticos, ese método de protección de datos se menciona cada vez más como uno de los principales escudos para la información más sensible.

La Association for Computing Machinery (ACM), la mayor asociación mundial de especialistas en informática, anunció que Bennett y Brassard fueron galardonados por trabajos en el campo de la criptografía cuántica y tecnologías relacionadas. El Premio Turing, que a menudo se denomina el Nobel de la informática, se concede desde 1966. La parte en efectivo del premio asciende a 1 millón de dólares, suma que los galardonados compartirán por igual.

Bennett y Brassard idearon la criptografía cuántica a mediados de la década de 1980. El enfoque se basa en la mecánica cuántica, que describe el comportamiento de electrones, fotones y otras partículas minúsculas. Entonces la idea pareció más una teoría elegante que una herramienta práctica. Cuarenta años después, el método que en su momento parecía exótico se aproxima a su aplicación real en la protección de datos importantes.

El interés por esta tecnología ha crecido tras los avances de Google, Microsoft y otras empresas que desarrollan computadores cuánticos. Esas máquinas también se fundamentan en propiedades de la mecánica cuántica. Muchos opinan que tarde o temprano los computadores cuánticos podrán quebrantar los métodos de cifrado habituales, en los que desde la década de 1970 se basa la protección de datos gubernamentales, corporativos y personales. Si llega ese momento, el mundo necesitará métodos capaces de resistir la nueva potencia de cálculo.

Bennett, que ahora tiene 82 años, trabaja en el laboratorio de IBM en Yorktown Heights, Nueva York. Brassard tiene 70 años y dicta clases en la Universidad de Montreal. Los futuros galardonados se conocieron en 1979 durante una conferencia científica en San Juan. Según recuerda Brassard, el encuentro se produjo mientras se bañaban en el océano Atlántico frente a la costa norte de Puerto Rico. Bennett se acercó nadando a su colega y le propuso usar la mecánica cuántica para crear un billete imposible de falsificar.

Más tarde trasladaron la idea de billetes a tokens de metro. En un artículo de 1983, Bennett y Brassard demostraron que esos tokens cuánticos no pueden falsificarse, ni siquiera si un atacante robara el torniquete con todo el equipo complejo necesario para su lectura. El siguiente paso fue la criptografía cuántica. En un artículo de 1984 los especialistas describieron un nuevo método de cifrado, y cinco años después demostraron la tecnología en un experimento físico.

El sistema recibió el nombre BB84. En él se emplean fotones, partículas de luz, para crear claves de cifrado. Esas claves sirven para cifrar y descifrar datos digitales. La propiedad principal del esquema se relaciona con las leyes de la mecánica cuántica: si alguien intenta interceptar un fotón y observarlo, su estado cambia. El intento de robar una clave no pasará desapercibido, y dejará una señal evidente, como un sello de seguridad roto en el envase de un medicamento.

Ese enfoque cambió por completo la concepción del cifrado. La protección ya no depende solo de la complejidad de un problema matemático, sino de las mismas leyes de la física. Por eso la criptografía cuántica se considera desde hace tiempo una de las pocas áreas capaces de sobrevivir a la era de los computadores cuánticos.

La importancia del trabajo de Bennett y Brassard se hizo especialmente evidente en 1994, cuando Peter Shor, de Bell Labs, mostró que un computador cuántico es teóricamente capaz de vulnerar muchos esquemas clásicos de cifrado no relacionados con sus métodos. Tras esa conclusión, el interés por la protección cuántica de los datos aumentó bruscamente.

En la misma década, Bennett y Brassard, junto con colegas, fueron más allá y demostraron que los datos se pueden transmitir de forma segura a grandes distancias por un método que muchos científicos antes consideraban imposible. Se trata de la teleportación cuántica, basada en el entrelazamiento cuántico, cuando dos partículas permanecen vinculadas aun si están muy lejos una de la otra.

A medida que se desarrollen los computadores cuánticos, la teleportación cuántica también podría transformar las propias redes de comunicación. Este enfoque permite transmitir información entre computadores cuánticos de modo que resulte extremadamente difícil interceptarla. En la práctica, Bennett y Brassard sentaron las bases no solo de una nueva protección de datos, sino también de posibles redes informáticas del futuro diseñadas para resistir ataques.

Durante mucho tiempo la criptografía cuántica permaneció como una idea de perspectivas inciertas. Ahora la tecnología está siendo adoptada por pequeñas empresas, grandes corporaciones y organismos gubernamentales de Estados Unidos. La historia de Bennett y Brassard muestra bien cómo una idea científica, nacida casi por casualidad durante una conversación en el océano, se convierte décadas después en una de las líneas de defensa más prometedoras del mundo digital.