Ni pedir un taxi ni consultar el correo: cómo nos convertimos en rehenes de los cables submarinos "frágiles".

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Cloudflare registró más de 180 interrupciones graves de internet en 2025.

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Internet parece algo estable y casi imperceptible en la vida cotidiana, hasta que en un momento simplemente desaparece. En 2025, en todo el mundo se produjeron más de 180 interrupciones graves de la red: desde cortes breves hasta apagones de varios días en países enteros. Un nuevo informe Cloudflare muestra que las causas de estos fallos fueron muy diversas: desde acciones de las autoridades y daños a cables hasta desastres naturales, ataques militares y errores técnicos en las mayores plataformas en la nube.

En el cuarto trimestre del año, los especialistas registraron solo un corte estatal de Internet. Ocurrió en Tanzania durante las elecciones presidenciales, cuando, en medio de protestas masivas, el tráfico de Internet en el país se desplomó más del 90% y prácticamente desapareció durante varios días. Más tarde, el presidente del país expresó públicamente su pesar por las consecuencias del apagón para ciudadanos extranjeros y la comunidad diplomática.

Con mucha más frecuencia, la causa de los fallos fue el daño a la infraestructura de cable. En distintos países se registraron roturas de fibra óptica que dejaban literalmente en minutos a millones de personas sin conexión. Por ejemplo, en Haití el operador Digicel perdió en dos ocasiones durante el trimestre la conexión internacional debido a cables cortados. En Pakistán, un fallo grave se produjo por el daño a un cable submarino en el mar Rojo, por el que pasa el tráfico internacional del país. En Camerún, problemas en el sistema submarino WACS provocaron caídas bruscas de Internet en varios grandes operadores, y la inestabilidad del servicio se notó también en estados vecinos de África Central.

Igual de importantes fueron los cortes de energía. En la República Dominicana, una avería en las redes eléctricas provocó una caída del tráfico de Internet de casi el 50% y las consecuencias se hicieron sentir durante más de un día. En Kenia, un gran corte de electricidad se solucionó formalmente en media hora, pero las interrupciones en el servicio de Internet continuaron casi cuatro horas.

Los desastres naturales también jugaron su papel. Un huracán en Jamaica hundió el tráfico de Internet casi un 70%, y la restauración del servicio se extendió durante varios días. Un ciclón en Sri Lanka y en Indonesia causó destrucciones masivas, víctimas y graves daños a la infraestructura de telecomunicaciones, por lo que en algunas regiones el acceso a Internet prácticamente desapareció.

Otra categoría la constituyeron los fallos puramente técnicos. En distintos países los operadores se enfrentaron a averías, fallos de DNS y problemas internos en las redes que dejaban a los usuarios sin conexión durante horas. En el Reino Unido, un gran operador como Vodafone perdió por completo el tráfico de Internet durante varias horas; en Italia, problemas de DNS en Fastweb provocaron una caída del tráfico de más del 75%; y en Israel varios operadores se enfrentaron a averías técnicas masivas a finales de año.

Los problemas afectaron también a las plataformas en la nube. Las interrupciones en la infraestructura de Amazon Web Services, Microsoft Azure y Cloudflare provocaron la inaccesibilidad de sitios y aplicaciones en todo el mundo. En algunos casos el aumento de errores y de latencia en las conexiones alcanzó decenas de por ciento, y la recuperación llevó muchas horas.

Según Cloudflare, todos estos eventos muestran de forma clara lo frágil que sigue siendo la infraestructura global de Internet. La desconexión de un cable, un fallo en un centro de datos o una avería en una subestación pueden afectar a regiones y países enteros. Por eso, señalan los analistas de la empresa, la transparencia y la monitorización en tiempo real se vuelven clave para una respuesta rápida y para minimizar las consecuencias de incidentes de este tipo. Internet sigue pareciendo «siempre accesible», pero en la práctica depende de una enorme cantidad de sistemas físicos y digitales vulnerables, cada uno de los cuales puede fallar en el momento más inesperado.