¿Está el botón de apagado en Pekín? Australia busca un "interruptor digital" en autobuses eléctricos chinos

¿Está el botón de apagado en Pekín? Australia busca un "interruptor digital" en autobuses eléctricos chinos

Las capacidades reales del software siguen siendo un enigma incluso para los ingenieros.

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Australia inició una investigación de los autobuses eléctricos chinos que operan en el país, después de que en Europa se detectaran riesgos potenciales relacionados con el control remoto de los vehículos.

La causa fueron los resultados de las pruebas en Noruega, que indicaron un posible acceso del fabricante a los sistemas de actualización del software. Esto despertó la preocupación de que tal mecanismo pudiera usarse como un interruptor digital capaz de detener remotamente el funcionamiento de un autobús.

Un parque de 102 autobuses eléctricos utilizados en el distrito capital estuvo en el centro de atención. Según las autoridades locales, la inspección inicial no reveló vulnerabilidades; sin embargo, ante la evolución de la situación en otros países, incluyendo el Reino Unido, se decidió realizar una investigación adicional. Mientras ésta continúa, los autobuses siguen en servicio.

Los especialistas australianos subrayan que el problema no se reduce únicamente al país de origen del equipo. La cuestión principal es cómo se gestiona el transporte y cómo se actualiza su software. La presencia de componentes conectados a internet crea una amenaza potencial de intervención externa, incluso si esos sistemas están concebidos inicialmente para mantenimiento y diagnóstico.

En Transport Canberra afirman que las actualizaciones de software se instalan directamente en el lugar por técnicos, sin emplear acceso remoto. También indican que la conexión a la red de los autobuses se mantiene únicamente para la recopilación de información sobre el estado técnico y el rendimiento.

No obstante, expertos en seguridad digital consideran que esas garantías son insuficientes. Según ellos, dada la complejidad actual del software, los operadores de transporte no tienen una posibilidad real de revisar todo el código ni de comprender con precisión qué funciones ocultas podrían estar presentes en el sistema.

Las autoridades continúan la investigación, intentando determinar si es posible influir en los autobuses desde el exterior y de qué manera se transmite o utiliza la información sobre el funcionamiento del transporte. El caso subraya el problema general que afrontan los países al pasar al transporte público eléctrico. Los autobuses modernos con mayor frecuencia dejan de ser solo un medio de desplazamiento y se convierten en dispositivos digitales complejos sobre ruedas.