Se trata de las mayores negociaciones secretas en la historia del sector.

Mientras Hollywood debatía públicamente sobre las redes neuronales, los principales directores, actores, productores y representantes de la industria tecnológica discutieron el mismo problema a puerta cerrada durante tres años. Las reuniones comenzaron en 2023 y se celebraron sin amplia difusión. Los participantes intentaron resolver dónde está el límite entre una herramienta de trabajo basada en inteligencia artificial y una película cuya mayor parte es generada por algoritmos. Ahora los resultados de esas discusiones salen por primera vez al dominio público: a la industria cinematográfica se le propuso un sistema que distingue las distintas formas de aplicar la inteligencia artificial durante la producción.
La impulsora de las reuniones fue la presidenta de Lucasfilm, Kathleen Kennedy, junto con la dirección del American Film Institute. Alrededor de una misma mesa se reunieron personas de Hollywood y Silicon Valley: actores, directores, ejecutivos de empresas y especialistas en inteligencia artificial. La lista completa de participantes no se ha revelado. Periodistas asistieron a algunas reuniones, pero no publicaron todos los nombres de los convocados. En las discusiones participaron representantes influyentes de la industria cinematográfica y del sector tecnológico con capacidad de influir directamente en los métodos de producción.
El debate principal no se refería a la mera presencia de la inteligencia artificial en el cine, sino a las formas concretas de aplicarla. Los sistemas de IA actuales resuelven tareas muy distintas como para agruparlas bajo una sola etiqueta. Un algoritmo puede ayudar a un especialista en la fase de postproducción, por ejemplo procesando material ya rodado, o puede generar una escena completa que nunca existió frente a la cámara. En ambos casos, en los créditos o en la descripción del proyecto se puede indicar formalmente el uso de inteligencia artificial, aunque la participación humana y el volumen del trabajo de la máquina difieren de manera fundamental.
Los participantes de las reuniones privadas propusieron distinguir los procesos de producción según el grado de participación de los sistemas generativos. En una categoría quedan los proyectos en los que el trabajo creativo principal lo realizan las personas y la IA resuelve tareas auxiliares puntuales. En el otro extremo de la escala están las películas y episodios que los algoritmos crean casi por completo: generan imágenes, personajes, decorados, voces o escenas sintéticas enteras.
El documento preparado no introduce prohibiciones ni establece reglas obligatorias para los estudios. Sus autores consideran el sistema como una guía con la que se puede describir con mayor precisión el papel de la inteligencia artificial en las distintas etapas de la producción. Ese enfoque permite separar una herramienta basada en redes neuronales para una operación técnica concreta de un sistema generativo que crea directamente una parte significativa de la imagen o del sonido final.
Para la industria cinematográfica la diferencia tiene consecuencias prácticas. Una red neuronal puede acelerar el procesamiento del material rodado, modificar elementos concretos del fotograma o ayudar con otros trabajos técnicos sin sustituir al equipo de rodaje. La generación de una escena terminada con personajes virtuales y decorados plantea otro conjunto de cuestiones: el trabajo de actores y artistas, la autoría, los derechos sobre la apariencia y la voz, así como el grado de participación humana en la obra final. Una etiqueta universal sobre el uso de IA no refleja ni la escala de la intervención de los algoritmos ni la tarea concreta que realizaron.
No existe aún una posición única sobre las redes neuronales dentro de Hollywood. Christopher Nolan criticó el contenido generativo de baja calidad y señaló que los jóvenes cineastas cada vez rechazan más la producción masiva creada con esos sistemas. Ryan Reynolds, en cambio, protagonizó un anuncio de Mint Mobile cuyos guiones se elaboraron en parte con ChatGPT.
Ben Affleck mantiene una postura más compleja. El actor y director criticó la clonación de la voz humana mediante inteligencia artificial, porque la tecnología permite reproducir el habla del intérprete sin nueva grabación. Al mismo tiempo Affleck desarrolló negocios relacionados con el uso de IA en postproducción. En 2026 Netflix adquirió la startup InterPositive por casi 600 millones de dólares. La combinación de ambas posturas muestra bien por qué el debate no puede reducirse a elegir entre una prohibición total y un apoyo sin matices a las redes neuronales. Una forma de aplicar algoritmos puede afectar el derecho del actor a disponer de su propia voz; otra ayuda a los especialistas a procesar material ya creado.
Matthew McConaughey también parte de la premisa de que la inteligencia artificial ya forma parte de la industria cinematográfica y seguirá siendo parte del proceso de producción. En una conversación con Timothée Chalamet, el actor instó a los artistas, ante todo, a mantener el control sobre su propia apariencia, su voz y su imagen digital. Los sistemas generativos son capaces de reproducir todo ello sin el rodaje ni la grabación de sonido tradicionales, por lo que las cuestiones sobre los derechos de imagen están cada vez más ligadas a las capacidades técnicas de la IA.
Tres años de discusiones privadas no han llevado a Hollywood a un conjunto único de métodos permitidos y prohibidos para trabajar con inteligencia artificial. Los participantes acordaron un principio más básico: no se puede evaluar diferentes tipos de IA como una sola tecnología con las mismas consecuencias. Un algoritmo que ayuda a procesar material rodado y un sistema que genera un episodio completo sin cámara ni actores cumplen funciones distintas y requieren reglas distintas.
La versión pública del nuevo sistema debería ofrecer a los estudios y a los cineastas una forma común de describir la participación de la inteligencia artificial en la producción. En lugar de una mención vaga sobre el uso de IA, se podrá especificar qué trabajo realizó el algoritmo y hasta qué punto el resultado dependió del sistema generativo. De momento, el documento no se ha convertido en un estándar obligatorio para Hollywood.