Nueva tendencia: la gente pasa horas haciendo pedidos online que nunca llegan y lo llaman "terapia"

Nueva tendencia: la gente pasa horas haciendo pedidos online que nunca llegan y lo llaman "terapia"

Páginas que disparan la dopamina: una nueva forma de engañar al propio cerebro. ¿Pero para qué?

image

Mientras unos usuarios pasan horas viendo desempaques de compras y otros siguen pedidos interminables de comida de blogueros populares, en Corea del Sur gana popularidad una forma inusual de combatir el deseo de gastar dinero. En lugar de compras reales, a la gente se le ofrece su imitación: se puede elegir un restaurante, hacer un pedido, seguir al repartidor o llenar el carrito virtual con ropa y electrónica. La diferencia es que el paquete o la comida nunca llegarán.

Los creadores de estos servicios los llaman sitios de dopamina. La idea se basa en que gran parte del placer surge durante la elección del producto y al hacer el pedido. El usuario obtiene el acostumbrado subidón emocional, pero no paga la compra ni la recibe.

Uno de los proyectos más conocidos se llama FoodNeverComes. La interfaz casi reproduce los servicios de entrega de comida. El usuario elige restaurante, revisa un menú de 11 cocinas del mundo, hace el pedido e incluso observa cómo el repartidor virtual supuestamente lleva la comida a la dirección. Tras la finalización de la entrega, la aplicación propone la receta del plato elegido y la posibilidad de apoyar el proyecto con una donación.

Para los aficionados a las compras por internet existe un servicio similar llamado DopaHaul. Recuerda a un mercado con ropa, cosmética, electrónica y otros productos. El usuario puede colocar compras en el carrito, introducir la dirección de envío e incluso datos de pago ficticios, pero el pedido permanece exclusivamente virtual.

El surgimiento de estas plataformas se relaciona con que las redes sociales han convertido las compras y la entrega de comida en un elemento constante del contenido. Los videos de desempaques, las compras de alimentos, los pedidos de restaurantes y las transmisiones en directo crean rápidamente la sensación de que ese modo de vida se ha vuelto la norma. Para muchos espectadores, observar regularmente esos videos se convierte gradualmente en fuente de deseos de consumo propios, aunque no todos pueden permitirse gastos constantes.

Según especialistas, los sitios de dopamina están orientados precisamente a usuarios acostumbrados a observar la vida cotidiana ajena en Instagram, TikTok y otras redes sociales. El flujo constante de esas publicaciones genera el deseo de repetir lo visto, y las compras virtuales ofrecen un alternativa segura al gasto real.

Sin embargo, la eficacia de este enfoque genera debate. Muchos usuarios consideran que el placer desaparece ya después del primer uso. Según su opinión, la notificación de entrega provoca emociones positivas solo cuando de verdad aparece el repartidor en la puerta o llega el paquete tan esperado. Si no hay un resultado final, el cerebro deja de reaccionar rápidamente al propio proceso de realizar el pedido.

Los especialistas en marketing señalan que esos servicios crean un efecto de imitación del consumo. Para algunas personas, la experiencia virtual puede ser suficiente para reducir el deseo de realizar una compra impulsiva. Pero existe también el riesgo contrario. La simulación constante de pedidos puede mantener el interés por los productos e incluso intensificar el deseo de adquirirlos más tarde con dinero real.

Por esa razón, los investigadores consideran que esas aplicaciones a la vez ayudan a controlar los gastos y se convierten en fuente de tentación permanente. El usuario queda en un estado de espera continua de una nueva compra, aunque sea virtual.

Los expertos también llaman la atención sobre el aspecto psicológico del problema. Ver mukbangs, videos de desempaques o hacer compras virtuales suele convertirse en una forma de distraerse del aburrimiento, el estrés o la sensación de soledad. Esos mecanismos pueden mejorar temporalmente el estado de ánimo, pero no eliminan las causas que llevan a una persona a buscar alivio emocional mediante el consumo de forma constante.

A pesar de la ausencia de pagos, no se puede considerar que esos servicios sean completamente gratuitos. Para formalizar pedidos virtuales normalmente no se requiere crear una cuenta ni proporcionar una tarjeta bancaria, pero los sitios recopilan otra información valiosa. Analizan qué productos ve el usuario, qué añade con más frecuencia al carrito virtual y cuánto estaría dispuesto a gastar de forma orientativa. Estos datos tienen interés comercial y pueden utilizarse o venderse a empresas que operan en el ámbito del comercio electrónico y la entrega.