Tu colega en Zoom podría estar financiando el programa nuclear de Corea del Norte: los servicios de inteligencia desmantelan una red de falsos informáticos.

Tu colega en Zoom podría estar financiando el programa nuclear de Corea del Norte: los servicios de inteligencia desmantelan una red de falsos informáticos.

Condenan a los organizadores de esta audaz "startup".

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En Estados Unidos se reveló un esquema que permitía a especialistas informáticos extranjeros obtener empleo en empresas estadounidenses con nombres ajenos y conectarse a las redes corporativas sin ser detectados. La historia parece una estafa típica de trabajo remoto, pero en realidad estaba vinculada a la elusión de sanciones y al financiamiento de programas estatales de Corea del Norte.

El tribunal federal en el estado de Georgia dictó sentencia a tres participantes del esquema. Alexander Pol Travis, Jason Salazar y Odrikus Fagnasai se declararon culpables de conspiración para cometer fraude por medios electrónicos. El juez J. Randal Hall condenó a Travis a 12 meses de prisión y a supervisión posterior, y además ordenó que los tres pagaran sumas importantes: desde casi 200,000 hasta más de 680,000 dólares.

La investigación estableció que los hombres proporcionaban sus datos personales a trabajadores informáticos extranjeros. A nombre de ellos se elaboraban currículos con experiencia ficticia, tras lo cual esos candidatos conseguían puestos remotos en empresas estadounidenses. Para superar las verificaciones se utilizaban datos falsos y procedimientos simulados, incluidas entrevistas por vídeo y pruebas biométricas.

Tras la contratación, los empleadores enviaban a los trabajadores portátiles de trabajo. Al recibir los equipos, los participantes del esquema instalaban programas de acceso remoto. Como resultado, los especialistas extranjeros trabajaban efectivamente desde el extranjero, pero los sistemas de las empresas registraban la actividad como si proviniera del territorio de Estados Unidos.

El flujo principal de los salarios obtenidos por medio del engaño se dirigía al extranjero. La suma total de los pagos hechos por las empresas afectadas alcanzó aproximadamente 1,28 millones de dólares. Una parte significativa de esos fondos, según las autoridades estadounidenses, podría haberse destinado al financiamiento de programas de armamento de Corea del Norte.

Alexander Travis, que en el momento de su participación en el esquema prestaba servicio en el ejército de Estados Unidos, obtuvo más de 51,000 dólares. Los ingresos de Salazar y Fagnasai fueron considerablemente menores —varios miles de dólares—, pero su papel permitió organizar el acceso a las redes corporativas y evadir restricciones.

Las autoridades subrayan que este tipo de esquemas representan una amenaza para la seguridad nacional. El uso de empleados ficticios ofrece la posibilidad no solo de obtener dinero, sino también de infiltrarse en la infraestructura de las empresas, incluidas las sistemas críticos.

La investigación la llevaron agentes del FBI junto con unidades del Departamento de Justicia de Estados Unidos. El trabajo para detectar esquemas similares continúa, ya que estos métodos siguen siendo una de las principales herramientas para eludir sanciones.