Drones en lugar de soldados: China arma sus fuerzas con perros robot y armas antisatélite

Drones en lugar de soldados: China arma sus fuerzas con perros robot y armas antisatélite

Por qué China está integrando redes neuronales en todas sus fuerzas armadas

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En el desfile militar en Pekín en el otoño de 2025, no fueron las columnas de soldados ni los tanques los que atrajeron la atención. Los protagonistas fueron las máquinas del futuro. China mostró plataformas terrestres no tripuladas, drones submarinos y aéreos, así como los llamados «aviones de combate en equipo» —aparatos autónomos que vuelan junto a aeronaves pilotadas y ayudan a cumplir misiones. La demostración dejó claro hacia dónde se dirige el Ejército Popular de Liberación de China y qué papel atribuye Pekín a la inteligencia artificial en las guerras del futuro.

La modernización del ejército chino lleva tiempo siguiendo un esquema de tres etapas. Primero, la mecanización: la transición a equipos modernos. Después, la informatización: la integración de armas y sensores en redes digitales para el intercambio de datos en tiempo real. La tercera etapa se denomina «inteligenciación». Se trata de la incorporación de inteligencia artificial que automatiza operaciones y ayuda a tomar decisiones. Pekín ha completado en gran medida las dos primeras etapas. El ejército chino recibió nuevos buques, aviones y blindados, y los sistemas digitales de comunicación conectaron el material militar en una red única.

Análisis de miles de documentos sobre compras del Ejército Popular de Liberación de China en los últimos tres años muestra que Pekín promueve activamente la tercera etapa. Los militares prueban decenas de escenarios de uso de la inteligencia artificial. Se desarrollan sistemas que controlan equipos no tripulados, detectan ciberataques, rastrean barcos en el mar y seleccionan blancos en tierra, en el aire e incluso en el espacio. Paralelamente, se crean plataformas para procesar enormes volúmenes de datos y así tomar decisiones tácticas y estratégicas con mayor rapidez. En esos mismos documentos se mencionan tecnologías para crear deepfakes —imágenes, audio y vídeo falsos que pueden utilizarse en campañas de información.

El ejército chino está formando gradualmente toda una ecosistema donde los nuevos desarrollos pasan rápidamente de los laboratorios a las pruebas prácticas. Pekín no espera a grandes saltos tecnológicos y experimenta activamente con soluciones ya existentes. Muchos proyectos tienen plazos de desarrollo cortos, lo que permite comprobar ideas rápidamente y lanzar prototipos a bajo coste. El Estado además incentiva a las empresas tecnológicas con subvenciones y beneficios fiscales para que los desarrollos civiles puedan adaptarse a fines militares.

Los estrategas militares chinos consideran que la inteligencia artificial puede cambiar la naturaleza de la guerra tanto como la mecanización lo hizo durante la Segunda Guerra Mundial. En futuros conflictos, los ejércitos atacarán no objetivos aislados sino sistemas enteros. Golpes a centros de mando, nudos logísticos y redes de comunicación pueden paralizar al adversario. La inteligencia artificial ayuda a identificar puntos débiles de esos sistemas y acelera la toma de decisiones.

Ya son visibles algunas direcciones concretas. China trabaja en enjambres de drones que pueden detectar objetivos por sí mismos, seguirlos y coordinar un ataque. Los militares también solicitan diversas plataformas robotizadas —desde perros robots hasta robots humanoides. Se presta especial atención a los sistemas de apoyo a la toma de decisiones. El liderazgo chino teme que el cuerpo de oficiales no tenga suficiente experiencia en la conducción de guerras a gran escala, por lo que los algoritmos deben ayudar a analizar la situación y predecir las acciones del enemigo.

La inteligencia artificial se está integrando activamente también en las operaciones cibernéticas. Los militares chinos crean herramientas para la detección automática de intrusiones, la protección de las comunicaciones y la realización de ataques en red. Paralelamente se desarrolla la denominada guerra cognitiva. Los documentos de compras muestran interés por las tecnologías de deepfakes. Los militares consideran los vídeos y audios falsos como un medio para influir en la opinión pública y en las decisiones del adversario durante los conflictos.

Los algoritmos se aplican también en el espacio. China desarrolla sistemas de guiado contra satélites y nuevos medios antisatelitales. Entre los proyectos figuran pequeños robots capaces de acercarse a un satélite enemigo y dejarlo fuera de servicio. En el ámbito marítimo, China experimenta con vehículos submarinos autónomos. Pekín ya despliega sensores en el océano y en órbita para, a futuro, rastrear los movimientos de submarinos en todo el mundo.

Muchas ideas de los militares chinos recuerdan a programas estadounidenses. El Departamento de Defensa de EE. UU. también trabaja en sistemas no tripulados, en algoritmos para analizar imágenes satelitales y en la predicción de fallos de equipo mediante inteligencia artificial. Washington planea adquirir miles de drones baratos en el marco de la iniciativa Replicator. El ejército chino solicita lotes similares de drones de bajo coste. Proyectos parecidos crean sistemas que integran distintas ramas y armamentos en una única red de mando en el campo de batalla.

Esta competencia tecnológica puede dar lugar a un ciclo rápido de actualizaciones, en el que ambas partes implementan constantemente nuevas soluciones. La ventaja en tales condiciones dependerá menos de tecnologías aisladas y más de la velocidad de desarrollo y de la capacidad de escalado.

Al mismo tiempo, el enfoque chino difiere en algunos aspectos del estadounidense. Las fuerzas armadas de EE. UU. insisten en que las decisiones adoptadas con ayuda de algoritmos permanezcan bajo el control de personal militar capacitado. China podría optar por un camino distinto y apoyarse más en sistemas automáticos. Ese enfoque puede compensar la falta de experiencia de los oficiales, pero aumenta el riesgo de errores e interpretaciones erróneas de señales durante una crisis.

El camino hacia la «inteligenciación» completa del ejército no será sencillo para China. El conflicto armado en Ucrania ha mostrado que crear una nueva tecnología y utilizarla de forma eficaz en el campo de batalla son tareas diferentes. Hay que formar a los operadores, coordinar las acciones y evitar situaciones en las que los propios sistemas destruyan material aliado. Además, el entrenamiento de algoritmos militares requiere enormes volúmenes de datos especializados que son difíciles de obtener sin experiencia bélica real.

Incluso con estas dificultades, China acumula rápidamente conocimientos gracias a los experimentos continuos. Esa estrategia permite reducir gradualmente la brecha tecnológica con EE. UU. La rivalidad entre ambos países en materia de inteligencia artificial se está convirtiendo en uno de los factores clave de las tecnologías militares del futuro.