Los intentos de salvar la situación solo empeoraron el caos.
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En paralelo a los ataques aéreos físicos contra objetivos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) en Irán se desplegó otro frente: el digital. El sábado 28 de febrero, el país quedó sumido en casi total aislamiento informativo. Un ciberataque masivo acompañó la Operación «Rugido del León» y, según observadores internacionales, fue el mayor en la historia de la región.
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La infraestructura crítica, los sitios de noticias estatales y los sistemas de comunicación seguros <a href="
https://www.jpost.com/israel-news/defense-news/article-888271">dejaron de funcionar</a>. La dirección de Irán se encontró en un vacío comunicativo tanto dentro del país como fuera. La organización NetBlocks registró una caída del tráfico de Internet hasta el 4 por ciento del nivel habitual, un indicador que evidencia la desconexión efectiva de la red nacional.
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El golpe también alcanzó recursos informativos vinculados con las autoridades. El sitio de la agencia IRNA estuvo fuera de línea durante largo tiempo, y la plataforma Tasnim, vinculada al CGRI, enfrentó fallas graves y ataques informáticos. En las páginas aparecieron materiales con críticas al líder supremo Alí Jamenei.
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Fuentes de servicios especiales occidentales informaron que la destrucción de la infraestructura de comunicaciones del CGRI tenía como objetivo trastornar la coordinación de las respuestas y obstaculizar el lanzamiento de drones y misiles balísticos. También fueron afectadas las unidades cibernéticas responsables de las operaciones electrónicas.
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Los problemas no se limitaron a los sitios de noticias. En Teherán, Isfahán y Shiraz los usuarios informaron de fallos en el funcionamiento de aplicaciones locales y servicios digitales estatales. La campaña comenzó ya en enero, cuando actores desconocidos piratearon la transmisión satelital y difundieron mensajes con llamados al cambio de régimen.
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El ataque del sábado combinó medios de guerra electrónica, el bloqueo de sistemas de navegación y comunicación, así como ataques DDoS masivos e intrusión en bases de datos relacionadas con la energía y la aviación. La tentativa de apoyarse en un «Internet nacional» aislado no tuvo éxito: la red interna tampoco resistió la carga. En el momento de la crisis militar aguda, Irán quedó prácticamente desconectado del espacio digital.
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