Ministros en Atenas rememoran las enseñanzas de sus antepasados.

Grecia ha decidido tomarse en serio el anonimato en Internet. Las autoridades quieren privar a los usuarios de redes sociales de la posibilidad de ocultar su identidad, al considerar que son las cuentas anónimas las que alimentan el acoso y la agresión en la red.
El ministro de Administración Digital Dimitris Papastergiou afirmó que el gobierno ya está elaborando la iniciativa al más alto nivel, incluida la cancillería del primer ministro Kyriakos Mitsotakis. La idea se ha discutido durante varios meses y ahora ha pasado a la fase de preparación práctica. Ante las próximas elecciones de 2027, la discusión política en Internet, según las autoridades, con mayor frecuencia deriva en insultos, amenazas y difusión de información falsa.
Papastergiou traza un paralelismo con la Grecia antigua, donde, según él, la gente expresaba sus opiniones abiertamente y no ocultaba su nombre. Ese enfoque, opina el ministro, debería sentar las bases de la «nueva democracia digital». Está convencido de que el problema principal del anonimato es la impunidad. Los usuarios pueden dañar la reputación de otras personas y difundir calumnias sin temer las consecuencias.
Las autoridades proponen obligar a las plataformas de Internet a verificar la identidad de los titulares de las cuentas. No se trata, sin embargo, de una prohibición total de los seudónimos. Como explicó el viceprimer ministro Pavlos Marinakis, los apodos pueden conservarse, pero detrás de cada perfil debe haber una persona real. También admitió que con el tiempo requisitos similares podrían extenderse a otras partes de Internet, incluidas las publicaciones firmadas por su autor.
Las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley ya se han enfrentado a este problema: en varios casos no ha sido posible identificar a los infractores entre los usuarios anónimos. Además, a veces se utilizan cuentas anónimas para promover a políticos concretos.
Los críticos de la idea señalan la complejidad de su implementación. Se requerirán soluciones técnicas y un marco legal claro. Además, la discusión inevitablemente abordará la cuestión de la libertad de expresión. Los defensores de los derechos digitales llevan tiempo advirtiendo que medidas como estas pueden derivar en un control excesivo y en presiones sobre los usuarios.
En Atenas reconocen que implantar un sistema así no es sencillo. No obstante, las autoridades insisten en que la lucha contra la toxicidad y la protección del debate público requieren medidas decididas.