Profesores impotentes ante el silencioso avance digital.

Estudiantes chinos encontraron una forma inesperada de convertir la tecnología en una fuente de ingresos y, al mismo tiempo, eludir las normas de los exámenes. En lugar de chuletas han aparecido gafas inteligentes — dispositivos compactos con elementos de inteligencia artificial que ayudan a obtener respuestas discretamente durante las pruebas.
Según el medio Rest of World, una de las estudiantes llamada Vivien usa las gafas Rokid AI para escanear las tareas y mostrar pistas en la pantalla integrada. La idea pronto dejó de ser solo de uso personal. Vivien empezó a alquilar el dispositivo a compañeros de clase, convirtiendo la compra en un ingreso extra rentable.
El interés por estos dispositivos creció con el desarrollo de la inteligencia artificial. Los modelos actuales no solo graban vídeo y toman fotos, sino que también analizan el entorno, traducen texto, indican rutas e incluso muestran respuestas preparadas con antelación. Al mismo tiempo, el alto precio de los modelos nuevos empujó a los estudiantes a alquilarlos a través de plataformas como Xianyu. El coste varía entre 6 y 12 dólares al día según el modelo.
La discreción juega un papel especial. Las gafas no difieren mucho de las normales en apariencia, y el manejo se realiza mediante un pequeño anillo controlador. Ese formato permite buscar respuestas a ejercicios de inglés y matemáticas sin llamar la atención durante el examen.
Las autoridades competentes ya empezaron a reaccionar. En China se prohibió oficialmente el uso de dispositivos similares en los exámenes nacionales de acceso a la universidad y en los procesos para el servicio público. Sin embargo, muchos profesores aún no reconocen el nuevo esquema, porque desde fuera no siempre es posible distinguir unas gafas normales de unas «inteligentes».
Pese a todas sus capacidades, los dispositivos tienen limitaciones. Las gafas son más pesadas que unas convencionales y requieren recargas frecuentes debido a sus baterías pequeñas. Pero incluso con esos inconvenientes, la tecnología ya ha demostrado su eficacia.
En uno de los experimentos en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong, un estudiante con gafas Rokid, equipadas con un modelo lingüístico GPT-5.2, obtuvo 92,5 puntos en el examen final y quedó entre los cinco mejores de su grupo. ¿Fue honesto? No. ¿Fue tecnológico? Sí.