Tu amigo murió y aún sigue dando “me gusta” a los memes: Meta ideó cómo mantener los perfiles activos para siempre

Tu amigo murió y aún sigue dando “me gusta” a los memes: Meta ideó cómo mantener los perfiles activos para siempre

Meta patenta una tecnología que permitirá hablar con seres queridos fallecidos en redes sociales.

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¿Será posible intercambiar mensajes con un amigo fallecido tan fácilmente como antes, simplemente abriendo su perfil en una red social? Patente de la corporación Meta admite precisamente ese escenario, y esta semana provocó una reacción intensa.

Se trata de un sistema que, tras la muerte del usuario, podría imitar su actividad en Facebook o Instagram. Se supone que el modelo de lenguaje reproducirá el estilo de comunicación de la persona, publicará mensajes y responderá en el chat como si aún estuviera viva. La empresa presentó la solicitud de patente en 2023, pero el documento llamó la atención solo ahora por sus consecuencias sombrías. Meta declaró a Business Insider que no tiene intención de implementar el ejemplo descrito, aunque la idea ya ha generado un debate serio.

Investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén y de la Universidad de Leipzig, en un estudio reciente, escriben que las tecnologías de la llamada «resurrección» mediante inteligencia artificial se están difundiendo rápidamente. Examinaron más de 50 casos en Estados Unidos, Europa, Oriente Medio y Asia Oriental en los que con algoritmos se recrearon la voz, la apariencia y la manera de comportarse de personas fallecidas. A su juicio, esto plantea agudos interrogantes legales y éticos sobre el derecho a los datos, el control y el uso póstumo de la identidad.

Los autores distinguen tres escenarios principales. El primero está relacionado con el retorno digital de celebridades para espectáculos y entretenimiento; por ejemplo, una gira con la participación de una Whitney Houston virtual. El segundo se refiere a objetivos políticos y públicos, cuando se emplean tecnologías para «revivir» a víctimas de crímenes o injusticias. El tercero, y el de más rápido crecimiento, ocurre a nivel doméstico, cuando las personas crean chatbots o representaciones sintéticas de padres, parejas o hijos fallecidos para seguir manteniendo la comunicación diaria.

Los investigadores señalan que antes proyectos semejantes solían lanzar familias, museos o pequeñas empresas y tenían un carácter puntual. La propuesta de Meta se distingue por su escala. La empresa considera, de hecho, la posibilidad de incorporar la imitación póstuma de la personalidad en la propia infraestructura de la red social. Esto dejaría de ser una aplicación aislada por demanda y se convertiría en una parte potencial del entorno digital cotidiano.

Los autores introducen el concepto de «trabajo fantasma». Con él se refieren a la situación en que los datos de una persona fallecida siguen generando interacción e ingresos para la plataforma. Si estos mecanismos se generalizan, las páginas de los difuntos podrían convertirse en una fuente constante de contenido y actividad. Surge la pregunta de si las personas podrán definir de antemano los límites de su existencia digital tras la muerte. Y si tendrán el derecho a decirle al sistema «no resucitar».

Actualmente la legislación en la mayoría de los países considera el legado digital o bien como un bien que se puede transferir a los herederos, o bien como un objeto de protección de la vida privada. Los modelos generativos cambian el panorama porque hacen esos datos interactivos y pueden utilizarlos para obtener beneficios en tiempo real. Los investigadores estiman que es necesario establecer un consentimiento claro y consciente de la persona en vida para este tipo de imitaciones después de la muerte. Sin ese consentimiento, el silencio podría convertirse en una autorización de facto.

Las tecnologías que difuminan la frontera entre la vida y su continuación digital se desarrollan más rápido que las normas jurídicas. La patente de Meta fue una señal de que la conversación sobre la «inmortalidad digital» ya no parece fantasiosa. Y la cuestión ahora no es si esto es técnicamente posible, sino quién y en qué condiciones dispondrá de nuestra identidad cuando ya no estemos.