Cómo China convirtió las neurotecnologías en una política de Estado

Mientras Elon Musk se prepara para nuevas operaciones de implantación de chips en el cerebro, en China otro actor se acerca a las pruebas en humanos. La empresa de Shanghái NeuroXess, en apenas unos años, ha pasado de startup a participante en la carrera por el liderazgo en interfaces cerebro-ordenador y ahora aspira a superar a Neuralink.
Las interfaces cerebro-ordenador fueron reconocidas el año pasado en China como un área estratégicamente importante. Tras ello, las autoridades lanzaron un amplio programa de apoyo, simplificaron los trámites, agilizaron la financiación y, de hecho, unieron los esfuerzos del sector público y del capital privado. El objetivo es ambicioso. Para 2030, el país quiere situar a dos o tres empresas de este ámbito a nivel mundial. Ya hay en China al menos diez programas de ensayos clínicos de interfaces neuronales invasivas.
NeuroXess se fundó en 2021. En menos de cinco años la empresa ha realizado ensayos en humanos y ha publicado los primeros resultados. Uno de los pacientes con parálisis pudo controlar el cursor del ordenador con la fuerza del pensamiento. Además, comenzó a realizar tareas sencillas apenas cinco días después de la operación para implantar el dispositivo.
La tecnología NeuroXess es invasiva, es decir, requiere intervención quirúrgica. Los desarrolladores se han centrado en pacientes con discapacidades graves, por ejemplo con parálisis o esclerosis lateral amiotrófica. La construcción difiere de la de Neuralink. El sistema chino consiste en una malla de poliimida y metal que se coloca sobre la superficie del cerebro sin penetrar en el tejido.
El dispositivo de Neuralink, en cambio, introduce en el cerebro hilos muy finos con electrodos que leen las señales desde el interior. Los críticos señalan el riesgo de formación de cicatrices en el tejido y la posible degradación de la calidad de la señal con el tiempo, aunque en la empresa de Musk niegan estas preocupaciones. NeuroXess evita este problema gracias a su distinta arquitectura.
En cuanto a la velocidad de transmisión de datos, el desarrollo estadounidense sigue por delante. En los ensayos Neuralink alcanzó aproximadamente 10 bits por segundo, mientras que el sistema de NeuroXess mostró alrededor de 5,2 bits por segundo. La diferencia es notable, pero la empresa china apuesta por una rápida escalabilidad y por el apoyo del Estado.
Es interesante que los avances en implantes invasivos estén ayudando progresivamente a los sistemas no invasivos, que no requieren cirugía. Los investigadores esperan que con el tiempo la precisión y la velocidad de esas soluciones aumenten tanto que la necesidad de procedimientos quirúrgicos complejos disminuya.
China tiene otra ventaja en esta carrera. Un gran número de pacientes, el apoyo centralizado y los costes relativamente bajos generan un ciclo cerrado. Más datos permiten perfeccionar los algoritmos más rápidamente, la reducción de costes atrae a nuevos usuarios, lo que a su vez genera más datos. Si este mecanismo funciona de verdad, la distribución de fuerzas en el mercado de interfaces cerebro-ordenador podría cambiar más rápido de lo que muchos esperaban.